Un año con una Raspberry Pi como servidor casero: lo que aprendimos

Un año con una Raspberry Pi como servidor casero: lo que aprendimos

Hace un año pusimos una Raspberry Pi 4 de 4 GB encima de un estante, conectada al router por cable, con la idea de que hiciera «un par de cosas». Hoy hace bastantes más y hemos aprendido unas cuantas lecciones, algunas por las malas. No es una guía, es un balance.

Lo que corre en ella

  • Pi-hole como DNS de toda la casa, con bloqueo de publicidad y rastreadores.
  • Un servidor de ficheros (Samba) con un disco USB para copias de los portátiles.
  • Syncthing para sincronizar carpetas entre equipos sin nube.
  • Un par de contenedores Docker con utilidades caseras.

Lección 1: la tarjeta SD no es un disco

A los cinco meses la tarjeta microSD empezó a dar errores de escritura y el sistema arrancaba en solo lectura. Las tarjetas no están pensadas para logs y bases de datos escribiendo sin parar. Ahora la Pi arranca desde un SSD por USB, y no hemos vuelto a tener problemas. Si empiezas hoy, empieza así.

Lección 2: la fuente de alimentación importa

Con un cargador de móvil cualquiera, la Pi funcionaba… hasta que el disco USB pedía más corriente y aparecían cortes aleatorios. La fuente oficial acabó con el misterio. El aviso de bajo voltaje aparece en dmesg; conviene mirarlo antes de culpar al software.

Lección 3: las copias de las copias

Teníamos la Pi como destino de copias, pero nadie copiaba la Pi. Cuando el SSD de pruebas murió, perdimos la configuración de todo. Ahora un script con rsync copia cada noche la configuración y los volúmenes de Docker a otro disco, y una vez por semana fuera de casa. Lo contamos en detalle más adelante.

Lección 4: no expongas nada «de momento»

Abrimos un puerto «solo para probar» y en una hora el log tenía cientos de intentos de acceso. Desde entonces nada se abre a Internet sin claves SSH, sin contraseñas y con fail2ban. Para lo demás, VPN.

¿Merece la pena?

Sí, con matices. Una Raspberry Pi consume entre 3 y 7 W, es silenciosa y enseña muchísimo. Pero si vas a montar más de tres o cuatro servicios, un mini PC de segunda mano con procesador x86 cuesta parecido, rinde bastante más y evita problemas de compatibilidad con imágenes de Docker que no existen para ARM. Si tuviéramos que empezar de cero, probablemente haríamos eso.